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El Perito Calígrafo El Ejido ha de tener en cuenta que la firma, al igual que le sucede al ser humano, entra en gestación, nace, crece, se desarrolla y muere, por así decirlo, con el propio ser del que forma parte. Cada individuo tiene una manera propia y singular de realizar determinadas uniones o enlaces, comienzos, finales, sentido de los trazos, abreviaturas, etcétera. El aspecto del trazado, la colocación en el documento y su orientación son también elementos que la caracterizan.

Por supuesto, las grafías no son inmutables, sino que siempre presentan algunas diferencias dentro de la misma persona, aunque se estampen una a continuación de la otra sin solución de continuidad en el tiempo. Este fenómeno es de pura necesidad natural, hasta el punto de que dos firmas de un individuo, aún puestas en el mismo momento, nunca se superponen exactamente. Según una ley grafocrítica que tenemos siempre en cuenta los expertos: “De dos firmas exactamente iguales, una de ellas, al menos, es falsa”.

Tanto desde la psicología como desde la neurología se busca en la escritura manual lo que los alemanes denominaron la gestalt o imagen total, la visión de conjunto, bajo el prisma de lo que Klages llamó formniveau, el nivel, la calidad total, dentro de la cual se observa con gran interés el ritmo o flujo del trazado y las pequeñas particularidades que nadie es capaz de imitar al mismo tiempo que el resto de los caracteres morfológicos.

Como es lógico, influirán una serie de factores introduciendo las llamadas variaciones naturales, como pueden ser la edad, el estado emocional, los estados patológicos, el calor, el frío, el soporte sobre el que se escribe, si se está de pie, sentado o acostado, en tierra firme o sobre un vehículo en marcha, si hay o no prisa, etcétera.

También influye la profesión que se ejerza; así, quienes hacen muchas firmas a diario tienden a la simplificación máxima, sobre todo en los enlaces y en las abreviaturas, como los magistrados, jueces, secretarios judiciales, abogados, procuradores, empresarios y otros muchos profesionales, como el calígrafo en los Juzgados de El Ejido. El acto de escribir es un complejísimo proceso biológico en el que las funciones cerebrales, nerviosas y musculares, que necesariamente concurren en el mismo, actúan unas veces dentro de amplios límites fisiológicos perfectamente individualizados y otras bajo la eventual influencia de factores endógenos normales o patológicos.

Los neurólogos dicen que el gesto de escribir es un movimiento original denominado, al mismo tiempo, en PENDIENTE, TOPOCINÉTICO Y MORFOCINÉTICO. MOVIMIENTO EN PENDIENTE porque, consecuencia del reclutamiento variable y modulable de las unidades motoras, cada motoneurona dirige la contracción de las fibras musculares que inerva; el reclutamiento de las motoneuronas se efectúa progresivamente y está sometido a un recontrol que verifica que la imagen del acto a realizar se haya programado de forma previa y se ejecute convenientemente.

Se denomina MOVIMIENTO TOPOCINÉTICO porque la hoja de papel es un objetivo espacial, topográfico, que solicita un enfoque viso manual.

Por último, recibe el nombre de MOVIMIENTO MORFOCINÉTICO porque la escritura es el resultado de la representación interna detallada en el cerebro de todos los parámetros que la determinan. Esto da lugar a que la falsificación de la firma o su auto modificación jamás serán perfectas y al experto perito calígrafo en El Ejido, nunca nos pasarán desapercibidas tales operaciones. Para el estudio de las cuestiones identificativas de firmas ha de tenerse en cuenta, pues, que tanto una como otra, son actos inicialmente volitivos, pero con predominio posterior casi absoluto del subconsciente lo que explica la permanencia y fijeza de las peculiaridades gráficas.

No se puede disimular la propia grafía sin que se note el esfuerzo de la lucha contra el subconsciente, por lo que nadie es capaz de simular simultáneamente todos los elementos de su grafía, ni siquiera la mitad de ellos, con éxito, en palabras de Saudek. No todos los signos tienen el mismo valor. Son más importantes los poco visibles o aparentes que casi siempre escapan a la imitación o el disimulo. El diagnóstico de las disimulaciones es difícil, por lo que es recomendable disponer de abundantes piezas indubitadas para cotejo.

Ante estas consideraciones, tanto la falsificación como la auto modificación de la propia firma serán detectadas por el perito calígrafo por muy perfectas que parezcan a la vista del profano.

Se hace necesario citar en este dictamen a don Félix de Val Latierro, eminente perito calígrafo El Ejido que en 1963 publica su Decálogo de la Grafotecnia, que se reproduce literalmente a continuación:

PRIMERO: El alma y el grafismo están en relación permanente de causa a efecto.

SEGUNDO: El alma es un complejo infinito; y así como no hay dos almas iguales, tampoco existen dos grafismos iguales.

TERCERO: El complejo anímico se modifica por el complejo fisiológico: tonalidad nerviosa, muscular y glandular, el cual reviste igualmente una variedad infinita, por lo que resulta, si así puede decirse, un infinito modificado por otro infinito.

CUARTO: El complejo anímico y la tonalidad general fisiológica definen o determinan la fisonomía del escrito, independientemente del órgano que la ejecuta si éste está adaptado a la función (ambidextros, zurdos, reeducados, escritura con los pies o con la boca) e independientemente también del alfabeto empleado (latino, griego, eslavo, germano, árabe, etcétera.).

QUINTO: Los estados de conciencia, pasajeros o permanentes, repercuten en el grafismo, así como las variaciones de la tonalidad general.

SEXTO: La escritura es inicialmente acto volitivo, pero con predominio posterior, casi absoluto, del subconsciente, lo que explica la permanencia y fijeza de las peculiaridades gráficas.

SÉPTIMO: No se puede disimular la propia grafía sin que se note el esfuerzo de la lucha contra el subconsciente.

OCTAVO: Nadie puede disimular simultáneamente todos los elementos de su grafía, ni siquiera la mitad de ellos, lo cual es una consecuencia de lo anterior avalada por la experiencia (Saudek).

NOVENO: Por mucho que lo pretenda el falsificador o el disimulador es imposible, en escritos extensos, que el subconsciente no le juegue una mala pasada revelando la verdadera personalidad del escrito falsificado o disimulado.

DÉCIMO: No todos los signos gráficos tienen el mismo valor. Los más importantes son aquéllos que son invisibles o poco aparentes, pues son los que escapan lo mismo en la imitación.

 

GABINETE DE PERICIA CALIGRÁFICA Y PROPIEDAD INDUSTRIAL EN ALMERÍA